Mi pieza

Nunca he sido fan de los rompecabezas. Pero, hoy, vi uno y digamos que me inspiré. Sólo ver este juego hizo que me cuestione muchísimas cosas (unas importantes y otras ni un poco). Uno de estos asuntos fue: Qué increíble cómo, muchas veces, intentas ajustar una pieza en un lugar donde NO va; pero tú, terrible optimista (o idiota), continúas haciéndolo. Otro punto: Las piezas NUNCA jamás son iguales y si lo fuesen, no encajarían. Yo pasé mucho tiempo de mi vida tratando de encajar piezas sólo porque sí, por no sentirme sola, por el detestable “estoy soltera” o qué sé yo. Hasta que, de pronto, encontré la pieza que me faltaba.

 

Hace 6, 7 u 8 años (ya perdimos la cuenta), yo me encontraba en un salón de clases en la universidad. No me tocaba ese curso; me había retirado. De pronto, entró el que supuestamente era el profesor. Carla, siempre coqueta, hizo algún comentario desubicado y extremadamente confianzudo para una alumna de 18 o 19 años. ¿Total? Nunca lo iba a volver a ver. Tan graciosa es la vida que, al siguiente ciclo, quien ingresaba a darme clases era el mismo sujeto al que había hecho enrojecerse 6 meses atrás. “Qué vergüenza”, “¿Se acordará de mí?”, “Sigue igual de churro”, “¿Y si me retiro del curso?”, esas eran algunas de las cosas que daban vueltas en mi cabeza.

  • Yo me acuerdo de usted, señorita – dijo mientras caminaba por el salón y me miraba
  • Soy inolvidable – respondí, tratando de hacer como si no me importara.

 

Después de este encuentro, sólo esperaba todos los Martes y Jueves de 9-11 a.m. para poder verlo y coquetearle. Usé toda mi artillería pesada: miradas, faldas cortas, rulos al viento, hasta me hice delegada del curso sólo para tener su número celular. Dejé manzanas, mandarinas, post its en el escritorio y hasta en el vidrio de su auto… #EstabaLoca… Hasta que un día me atreví y lo agregué a Facebook. Él, rápidamente, me aceptó. Escribí temerosa un “Hola” y él contestó igual. “Oh por Dios… Esto no puede estar pasando”, pensaba. Pero sí, si estaba sucediendo y no era producto de mi gran imaginación. Así, fue que conversar con él se volvió una costumbre y hasta una necesidad… Iba a clases, a trabajar y al gimnasio con la única idea de volver pronto a casa para conversar con él por Facebook Messenger. Tonta yo. Él tenía novia, era “feliz” (nótense las comillas) y yo era sólo una chiquilla. Nunca nos vimos, nunca nos besamos, nunca nada. Desapareció y desaparecí. Ya ni recuerdo cómo fue el “adiós” o si fue necesario que haya uno. ¿Total? Nunca fuimos nada.

 

Yo hice mi vida y asumo que él también. Cada cierto tiempo, lo recordaba y sonreía pero dejaba ir ese recuerdo. Un día, entré a su Facebook a ver qué era de su vida. Y ahí estaba él, tan serio, con esa sonrisa de costado, esos dientes chuecos y sus camisas remangadas, tal como lo recordaba. Había colocado un artículo PRO Unión civil y yo, en esa época, estaba con unA chica y me creía “la incomprendida”; entonces, no tuve mejor idea que escribirle para decirle que me parecía genial que esté a favor. Una vez más, tonta yo. ¿Qué demonios tenía que estar ventilando mis intimidades con un ser humano del que no se hace muchos años? Él me contesto 2 o 3 palabras y volvió a desaparecer. Así era él.

 

Algunos años después de este “incidente”, llega un mensaje a mi Facebook Messenger:

  • Hola
  • ¿Hola? – Era él, escribiéndome como si nada hubiese pasado.

Y volvimos a hablar todos los días, todo el día. Me invitó a salir 1, 2, 3 veces y finalmente vencí mi miedo  acepté. No fue la mejor cita de todas pero algo quedaba rondándome la mente “Es él”. No voy a entrar en detalles porque me tomaría varias páginas contándoles nuestras idas y vueltas. Sólo deben saber que ninguno de los dos pensó llegar hasta donde hoy nos encontramos.

 

Jigsaw puzzle in the  red heart. Vector illustration.Él es TOTALMENTE diferente a mí. Incluso, somos de diferentes generaciones por la diferencia de edad (18 años). Yo soy extremadamente sociable, podría hablarle a la pared. Él, por el contrario, es un tipo callado, que no le gustan las multitudes y menos conocer gente nueva. Él es súper paciente… De verdad, tiene una paciencia de santo. Yo soy explosiva e impulsiva. A la primera, ya estoy “escupiendo veneno” y hago TANTO daño. Él medita y analiza; yo sólo actúo. Yo AMO bailar; él jamás lo intentó. Nos gustan sitios, cosas, canciones y hasta películas diferentes. Pero de eso se trata: de poder encontrar puntos medios que nos hagan felices a ambos ¿Fácil? No, ni un poco. Acá hay y seguirá habiendo mucho trabajo, paciencia y comunicación. Pero, sobre todo, muchas ganas de que las cosas funcionen y no rendirse a la primera. ¿Por qué? Simplemente, porque escuchar su voz al otro lado del teléfono, despertar con un “buenos días, mi amor”, recibir un desayuno en la cama, discusiones estúpidas, noches de cine y cancha, cantar en el auto y hasta escuchar sus ronquidos son cosas que me hacen INMENSAMENTE FELIZ. Ese es el arte del rompecabezas con el que inicié este post. La “magia” radica en encontrar la pieza exacta que encaje en el lugar exacto a pesar de ser perfectamente diferente. Yo ya encontré mi pieza.

El encuentro del terror

“Tú no deberías estar nerviosa. El nervioso debería ser yo”, dijo al teléfono.

“No estoy nerviosa”, mentí. Lo estaba y mucho. Cómo no iba a estarlo; era su primera vez y, si todo salía mal, también sería la última.

 

El jueves, fue la presentación oficial de mi mami con “mi chico”, “saliente”, “novio”, “enamorado” o como quieran llamarlo. Todos se preguntarían cuál es el problema en esto y yo respondo: TODO. En primer lugar, él es 18 años mayor que yo, cosa a lo que mis padres (y creo que cualquier padre) se oponen. Por otro lado, mis papás digamos que son “especiales” y no les gusta su apariencia. Ok, con especiales quiero decir que son clasistas (ojo, no racistas porque no tiene que ver con la raza; sino, con dónde vive, cómo viste, qué sitios frecuenta y cuánto gana).

 

La verdad de la milanesa es que él (mi chico de la sonrisa de mueca) no es un Ken para hacer pareja con la Barbie, ni un muñequito de torta, ni mucho menos un modelo de pasarela. Tampoco es Oropeza, ni ha sido sobornado por Odebretch; con lo cual, tiene dinero pero no MILLONES. Pero eso, finalmente, no era lo que yo (y él aunque lo niegue) quería que mi madre supiera. Yo quería que vea más allá de la ropa, el perfume que usó o la propina que dejó en el restaurante. Yo quería que vea que no es uno de esos que van con una y con otra, engañándolas a todas, jurándoles “amor eterno” mientras que comparten cama con medio Lima y balnearios,. Quería que tengan la certeza de que no es un pandillero, ni un borracho. Quería que confíen que estaría segura con él y que no era un pegalón ni lisuriento; de esos que tienen cara de “buenitos” pero son tremendos mantenidos y que a la primera “pasada de tragos” golpean a sus parejas.

 

Nos citamos los tres (él, yo y mi mami) en la pastelería San Antonio de chacarilla. Yo llegué primero y estaba comiéndome las uñas porque tanto mi madre, como yo, somos “enfermas” de la puntualidad. Él se retrasó 5 minutos. Llegó y lo primero que hace fue sonreir (no a boca abierta; sino, como mueca) y estirarle la mano.

  • Buenas noches, señora
  • Hola
  •  Qué le das la mano, oye. Ni que fuera hombre (añadí), salúdala con beso.

Así, se soltaron un par de risas y una introducción graciosa gracias a mí. Conversamos acerca de diversos temas: su familia, la nuestra, la misa de mi mami (su tema favorito), política, entre otros.

 

Ella lo miraba, tratando de ser amable y él sudaba (siempre suda) y se limpiaba usando una servilleta e intentando pasar desapercibido. FAIL, todo San Antonio vio las gotas chorrear por su frente. Yo le deslizaba servilletas de manera estratégica y él, gracias a Dios, entendía el mensaje. En cierto momento, sentí la necesidad de ir al baño pero temía por dejarlos solos. ¿Y si se llevaban mal? ¿y si mi mami o él hacían un comentario desatinado? ¿y si él decía que era ateo e iniciaba un debate religioso?. Decidí aguantar 10, 20, 30 min, hasta que no pude más y fui. Al volver (obvio, traté de demorarme lo menos posible (nunca había subido las escaleras tan rápido) los encontré conversando con sonrisas en sus rostros y respiré aliviada. Al poco rato, pidió y pagó la cuenta.

 

Salimos, él abrió las puertas del auto (no fingía; él siempre es así de caballero) y se despidió a través del vidrio. Yo pensaba “sólo quiero saber la percepción de ambos”. Giré el cuello hacia mi madre y dije “¿Y qué te pareció?”, a lo que ella respondió “Mmm… digamos que habla bien, es una persona de edad, es serio, pero suda demasiado y no me miraba a los ojos. Yo le mantuve la mirada pero él me desviaba”. Bueno, en realidad, el no suele hacerlo y, adicional a ello, estaba nervioso. Me preguntó, después, cuál era la intención de él conmigo y le comenté que ni él ni yo estábamos para jueguitos y que esto pintaba bastante serio.

 

En resumen, si tuviese que puntuar la reunión de ayer del 1-10 le pondría un 7 y creo que fue un buen inicio. La historia con mi padre… Dios me ampare. Deséenme suerte.

A mi ídolo de todos los tiempos

Es domingo 15 de Enero; son las 7:30 am aproximadamente y, a pesar de que es verano, siento un frío de la patada. Mis papás ya están despiertos y mi padre ya fue a comprar flores. Nos acercamos a su cuarto, mi mami cuenta “1,2,3…” Y empezamos a entonar el Happy birthday con el que los “Botetano-Usquiano” solemos despertar al cumpleañero. En este caso mi hermana.

Ella se rehúsa a despertar, pues anoche festejó y está cansada. “No molesten”, dice mientras se ríe y abraza a mis papás. Yo la miro sonriendo y le hago bromas respecto a sus 31 primaveras. A su lado, su esposo aún ronca… Digo, duerme. Miro la escena y se me hace un nudo en la garganta (llorona Style) pero lo disimulo con alguna de mis payasadas.

– Por qué quieres llorar,tonta? – me pregunta mi voz interior.

– Es que está casada, pronto se irá de la casa… Ya nada es lo mismo – contesto en mi mente.

Tengo razón. Nada es lo mismo. Ahora, todo es mejor entre ella y yo. Antes, solíamos pelear mucho. No solo con golpes (que eran fortísimos); sino, con palabras (que herían aún más). Lo peor del asunto era que ambas nos conocíamos tanto, que sabíamos dónde dolía más y era justo ahí donde apuntábamos. Felizmente, todo eso quedó en el pasado.

“Hoy, te voy a dedicar un post en mi blog”, dije. Y aquí estoy cumpliendo mi promesa, hermani. Más allá del típico “Feliz cumpleaños”, debo agradecer porque me haya tocado una hermana tan increíble. Está más loca que una cabra, le faltan varios tornillos pero es 100% auténtica. Es inteligente; siempre sacó excelentes notas sin necesidad de “matarse” estudiando. Baila fatal (como si escuchara otra música en su mente) pero canta fabuloso y siempre se lleva varias palmas. Es una campeona porque consigue todo lo que se propone, es aguerrida, valiente y muy optimista. A pesar de un par de cosas que le sucedieron, está aquí parada, sonriendo y caminando firme… Siempre a paso firme.

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Si estás leyendo esto (espero que sí), quiero agradecerte por nunca juzgarme, por siempre apoyarme y tratar de entenderme. Nuestro cariño jamás ha sido el típico de cuento de hadas pero es real, de eso no hay duda. Creo que los “eventos matrimoniales” nos ayudaron a unirnos más. Gracias por dejarme compartir contigo un poquito de esa mezcla de estrés y alegria, que se tradujeron en lágrimas de emoción cuando te vi entrando a la iglesia o bailando el vals (intentando llevar el ritmo). Definitivamente, fuiste la novia más hermosa del mundo. Ya quiero que me hagas tia.

Para terminar, déjame contarte un secreto: cuando era niña, quería ser como tú. Dejaba que estrenes y malogres mis Barbies, sólo por el placer de jugar contigo. Disfrutaba que me vistieras terrible, sólo porque luego venía el desfile de modas contigo. Y hasta sufría cuando me decías que te ibas de la casa, aunque sólo te escondías detrás de la puerta. Eras mi ídolo. Hoy, después de varios años, te admiro más… Mucho más.

FELIZ CUMPLEAÑOS, CAMPEONA!!

Se te va la vida…

Fuiste a dormir; cerraste y abriste los ojos y te diste cuenta que se te fue el 2016. Así, sin más ni más, se te acabó el año. Ahorita, debes estar pensando en la fiesta y el desmadre de año nuevo, en cuántas botellas de ron serán necesarias o si llevas uno o dos bikinis. Y sabes? Tuviste todo un año para pensarlo. Tuviste todo un año para pensar en estas y otras cosas más (igual o menos intrascendentes) pero “asuntos” al fin y al cabo. Esto nos pasó, probablemente, a muchos. Y es que tenemos (y me incluyo) dos grandes y terribles errores: el primero es dejar todo para el último momento; el segundo (pero no menos importante), excusarnos.

Tienes que presentar un trabajo en 15 días y piensas “fresh, todavía hay tiempo” y haces tu vida. Todo estaba bien, bajo control… hasta que el Profe dice “y no olviden que mañana es la presentación de trabajos finales”. Tiemblas, sudas frío, se te afloja el estómago y ves tu vida como flashback (obviando las escenas donde fuiste un patán porque cuando uno está por morir, se convierte en un ángel wannabe). En buen cristiano: te da la pálida. Vas corriendo a tu casa y no por el tema estomacal; sino, para hacer lo que debiste hacer dos semanas atrás. Si, es probable que lo acabes pero no disfrutas haciéndolo porque sólo te estresa la idea de acabarlo si o si. Y este fue solamente un ejemplo pero postergamos todo: “el Lunes empiezo la dieta”, “mañana voy al médico”, “el sábado beso a la chica que me gusta hace 7 meses”, “la próxima vez que mi jefe me hable mal, le diré unas cuantas cosas”. Haz la dieta HOY, ve al médico HOY, besa a tu crush HOY y haz que te respeten HOY porque quizá no exista un mañana o un después.

 

Imagínate que no pudiste terminar el dichoso trabajo. Tienes al profesor en frente, estirándote la mano… y dices “el perro se comió mi tarea”. La excusa más trillada del mundo, no? Fue sólo un ejemplo pero buscamos justificación para todo: “No hay chamba”, “no soy el tipo de chica a la que le quedaría bien ese vestido”, “uy, es que por fiestas hay más tráfico”, etc, etc, etc… Esas son algunas de las excusas que inventamos para hacer o no hacer determinadas actividades, que nos ponen en aprietos, que nos sacan de nuestra zona de confort a la que estamos totalmente acostumbrados. Esa misma que te dice algo así como “oye, podría ser lo mejor de tu vida; realmente, podría hacerte muy felz pero CUIDADO con arriesgarte a algo que no conoces”. Y así, dejamos que el miedo a lo desconocido se apodere de cada centímetro de nuestro cuerpo, haciéndonos huir despavoridos.

 

La pregunta es: vale la pena aguantar, esperar y postergar TANTO? Déjame decirte que no tienes idea y no la tendrás hasta que empieces de nuevo. El fin de año viene con espíritu navideño y trae consigo un regalo: la posibilidad de reinventarte. Así como se te fue el 2016, se te puede ir la vida mientras llenas la lista de pendientes por hacer, por experimentar, por vivir. Si, lo desconocido genera ansiedad y temor, no lo niego. Pero, créeme, no hay peor cosa que quedarte con el “que hubiese pasado si…” comiéndote la cabeza por días, meses e incluso años. Atrévete, sueña con todas tus fuerzas e intenta una y otra vez (hasta que te salga) hacer eso que te asusta. Cambia de empleo, termina esa relación que no te hace feliz, pinta tu cabello, hazte un tatuaje, viaja, o lo que quieras hacer. Pero recuerda: ya se te fue un año… cuántos más vas a esperar?

 

En honor a la navidad

Luces, villancicos, Los Toribianitos, panetón, chocolate caliente en pleno verano (aunque sudes al tomarlo), robos en cada esquina y compras con plata que no tienes (pero qué importa; la tarjeta de crédito soporta todo). Así, señores, es la Navidad. Bueno, para mí. Hay diferentes tipos de “personajes” navideños y voy a presentarlos a todos (o al menos a los que conozco. Si me olvidé de alguno, me cuentan).  La  mayoría de estas descripciones están inspiradas en personas que conozco pero, ojo, dije “inspiradas” no quiere decir que seas tú necesariamente. O si?

 

  1. La entusiasta: (Cuando la amiga que inspiró este personaje lea esto, sabrá quién es) Es la que disfruta de la cuenta regresiva hasta la navidad. Le pega post its (obviamente con diseño navideño) a toda la oficina, contando cuántos días faltan para “el gran día”. Además, viste outfits acordes a la festividad; es decir, ropa verde o roja y aretes de bastones, o renos, o estrellas de belén.

 

  1. La organizadora de eventos: Este personaje suele ser mujer o un hombre muy sociable. Se caracteriza por ser “el alma de la fiesta”, la/el “amigo de todos”, el/la “más chévere” y, evidentemente, siempre está organizando algún lonche/almuerzo/reu/chupeta navideña. No contento con saturar a todos sus amigos con esta “fenomenal iniciativa” de juntarse (para la cual crea grupo de Whatsapp y evento en Facebook), le suma el maravilloso, típico e intrigante “Amigo Secreto”. Es más, hasta se ofrece para hacer el sorteo. ¡Le encanta!

 

  1. Los pirañas-borrachos: El grupito de amigos que se juntan después de recibir las 12 con sus respectivas familias para reventar cuetes y tomar ron, chela y todo lo que venga. ¿Total? Es navidad y todo está permitido.

 

  1. El “te cambio”: Nunca, jamás de los jamases, está de acuerdo con la persona que le tocó porque está pensando “Y ahora… ¿qué m/&rd@ le regalo?” Entonces, va por ahí preguntándole a todos sus amigos “¿Quién te tocó?” y, acto seguido, dice “A mí me tocó fulanito; te cambio”. Y hará esto las veces que sea necesario hasta que se quede con alguien a quien sea “sencillo” regalarle.

 

  1. Tumba la fiesta: Ok, maravilloso. La organizadora de eventos hizo su “lonchecito navideño”. Es más, hizo la lista de todo lo que cada una de sus amigas debe llevar (por las puras porque siempre sobra). Dentro de este banquete encontrarán panetón, bocaditos dulces, otros salados, champagne y el infaltable chocolate caliente. Pero resulta que hay una que llama o escribe a última hora diciendo que “no lo logra” porque justito tiene un “imprevisto”. No le crean. Está planeando cómo chotearlas desde hace una semana.

 

  1. Grinch: La persona anterior cancela los eventos simplemente por ser falla; sin embargo, existe quien trata de evitar todo tipo de celebración porque ODIA la navidad. Así es, las luces (y sus musiquitas) le irritan, le llega altamente participar del intercambio de regalos y ni qué decir de la decoración de la casa. Esta persona cree que la navidad es una fecha inventada por los marketeros para propiciar el consumismo.

 

  1. El comprador compulsivo: Esta persona le da la razón al Grinch y compra todo lo que puede y lo que no. Total, la tarjeta de crédito aguanta TODO. Se endeuda sin pensar si podrá o no pagar las cuentas. Entonces, lo pone a mil millones de cuotas de 10 céntimos por mes y pasa todo un año “ajustado” por el placer de ser Santa Claus en Navidad.

 

  1. El Tacaño: Todo lo contrario al comprador compulsivo. El tacaño detesta gastar; piensa que hay que “guardar pan para mayo”. Qué digo mayo… él guarda para mayo, junio, julio y todo el año. Siempre que le proponen jugar al amigo secreto dice “no tengo plata”, “tengo que pagar mil cosas” o “súbeme el sueldo y juego”. No gasta pero tampoco queda mal. Siempre hace regalos “significativos”. Qué lindo suena eso, ¿no? Pero no es más que la traducción de “no quiero gastar pero tampoco quiero quedar como misio así que te hago una tarjeta o manualidad HERMOSA”. De aquí, nacen genialidades como fotos en marquitos hechos con palitos de helado, “heredar” cosas tuyas como símbolo de desprendimiento, o vales para “tú eliges la peli” o “1 hora de masajes” o cosas por el estilo.

 

  1. El distraído: Ok, compras tu regalo. Te afanaste y compraste el regalo ideal. Estás seguro de que esa persona abrirá el envoltorio y dirá “justo lo que quería” y saltará haciendo el baile de la alegría. Llega el día del intercambio y te das cuenta que metiste la pata… Así es, TE EQUIVOCASTE DE PERSONA. Tratas de solucionarlo pero ninguno de tus intentos funcionará porque le regalaste un pareo tipo mandala a un gordito con ropa de baño de piñas.

 

  1. La detallista que deja mal a todo el mundo: Este personaje suele ser mujer. Es la amiga que, a pesar de que le dijiste “amiga, este año nada de regalos, por favor, porque no tengo en qué caerme muerta”, decide comprarte algo. Entonces, quedas TERRIBLE, como la peor amiga del mundo mundial porque cuando ella te dijo “sorpresa”, tú sólo pudiste darle las gracias.

 

  1. El socialista justiciero: Esta persona detesta la navidad por personas como los detallistas, los entusiastas, los organizadores de eventos y por supuesto, por los compradores compulsivos. Esta persona considera inconcebible cómo puedes estar tranquilo en tu lonchecito navideño (donde sobra comida) o en tu casa (empachándote con pavo, lechón, arroz árabe, panetón y chocolate caliente), mientras hay personas que no tienen nada para llevarse a la boca. Entonces, hacen actividades sociales, salen a recorrer las calles con regalos, pedazos de panetón, etc. Pero ¿saben que es lo peor de todo? Que sólo piensan así en navidad.

 

  1. La católica: Ella piensa más o menos similar al anterior; sin embargo, a ella sí le dura todo el año. De todas maneras en su casa tiene que estar el nacimiento (mucho más grande que el árbol) porque ese es “el verdadero significado de la navidad” y va a misa. Recibir las 12 en misa sería ideal pero su familia no la acompaña.

 

  1. El flojo: El no disfruta de una cena navideña rimbombante, ni nada por el estilo. Pero no porque le den pena los niños o ancianos de la calle; sino, por el simple hecho de que se muere de la flojera. Puede ser una ama de casa que dice algo así como “aunque sea en navidad tengo que descansar, ¿no?”  y compra toda la cena en “comida al peso” de un supermercado cercano.

 

  1. Decoradora de interiores: Todos los años decora su casa cual película. Tiene venados en la puerta, un Papá Noel en el techo, un árbol hermoso y gigante decorado con luces blancas, etc. Saca todo su arte en esta temporada y deja la casa hermosa. Cambia la vajilla regular por vajilla (y hasta servilletas) navideñas.

 

  1. Horror al vacío: Este ser humano intenta dársela de “decorador de interiores” pero termina convirtiendo su casa en un almacén de árboles, nacimientos, muñequitos de nieve, coronas de adviento, etc. No se puede ni caminar en su sala porque, en la cabeza de este personaje, no puede haber ningún espacio vacío porque restaría “espíritu navideño”.

 

  1. Los Toribianitos: No, no me refiero a los reales “cantores” (que, dicho sea de paso, ¿nunca envejecen?). Hablo, en esta oportunidad, de las personas que ambientan la navidad con villancicos a todo volumen TODO el día y no se les ocurre cantar villancicos nuevos sino que son FANS de los toribianitos y de cada una de las canciones que los acompañaron en su niñez.

 

Estos sólo fueron algunos de los personajes que recuerdo. Seas el que seas, espero que disfrutes a tu manera este 24 y 25 de Diciembre. Sólo cuídate de los excesos (recuerda que viene año nuevo).

¡FELIZ NAVIDAD!

Mucho ruido por nada

Hace, exactamente, 4 días; es decir, el sábado en la tarde, fui al teatro a ver “Mucho ruido por nada”. En realidad, en un inicio, no le tenía fe a la obra. Sólo fui porque a la persona que me invitó “babea” por Paul Vega, quien actuaba ahí y me convenció. Al llegar, había muchos sitios vacíos, lo que me llevó a pensar “seguro es malaza y nadie quiere verla”. Por lo que mrpnsólo suspiré profundo y volví a pensar “ponte cómoda, nomás, que tienes para rato”. Luego, recordé que había otra función más tarde y asumí que era sumamente temprano y la gente (menos nosotros) no suele elegir ir al teatro a las 4p.m. sino, a las 8p.m. cuando el sol dejó de calcinarte la piel. Mientras iban en la 1era, 2da y 3era llamada, me dediqué a ver el folleto que mi acompañante había comprado y había infinidad de frases referentes a la equidad de género. No entendí y lo dejé pasar. Miento. Sólo lograba formularme la pregunta siguiente: ¿Qué tiene que ver una obra de Shakespeare con la homosexualidad? De todos modos, no tuve respuesta. Así que me dediqué a ver (disfrutar) la obra.

 

Así es, terminé por disfrutarla, estremeció cada poro de mi piel y mis vellos se pusieron de punta. No les voy a fregar la historia (para quienes quieran ir a verla. LA SÚPER MEGA ARCHI REQUETE RECOMIENDO) pero, en resumen, me encantó por 3 motivos. El primero, los actores son de primera y su puesta en escena, me dejó impactada. El segundo, la música en vivo, que acompañaba al elenco, me encantó. Finalmente, porque trataba un tema tabú que no muchos se animan a hablar y menos escenificar, ni actuar. Todos los papeles (hombres y mujeres) eran representados por varones. Con lo cual, si había un romance, era entre hombres. Y lo hubo. Dos hombres terminan enamorándose y saliéndose del personaje para darse la más hermosa (y excitante) muestra de amor: un beso. Fue, entonces, que uno de los actores pregunta (no recuerdo EXACTAMENTE las palabras que usó) ¿Quiénes somos nosotros para impedir que este amor se realice?

 

No hice más que pararme y aplaudir desesperadamente porque, tal como lo dijo el actor, no tenemos ningún derecho a decirle a alguien a quién debe o no debe amar. ¿Por qué unos muchos deben elegir el futuro de unos SUPUESTOS pocos? Ojo, digo “supuestos” porque img_9991cada vez más personas se atreven a asumirse, valorarse, amarse como son y verbalizarlo abiertamente. “Está de moda salir del clóset”, dicen algunos. Y, probablemente, tengan razón pero el único motivo por el que “está de moda” es porque ¿Por qué seguir encerrado en el clóset en el que alguien más decidió encerrarte? Así es, señores, ha sido la homofobia la que ha encerrado en el clóset de la vergüenza a muchas personas que recién hace poco se animaron a decir “SOY GAY … Y QUÉ”.

 

¿Saben que es lo peor? Que nos olvidamos de darle importancia a lo importante, que esa persona (porque sí, es un ser humano como tú) también siente, tiene miedos, inseguridades, alegrías, penas. ¿Te imaginas cómo se siente cuando la humillas, cuando la miras con asco, o cuando se ve obligado a rogar porque la tierra lo trague como un topo solo porque A TI no te gusta lo que ves? Si no te gusta, permíteme darte un consejo: TÁPATE LOS OJOS o cruza a la vereda del frente, o mira hacia otro lado. Te lo digo por experiencia. En algún momento de mi vida, “probé” tener una relación homosexual. No, no me considero Lesbiana pero tenía que probarlo. Hoy, estoy convencida de mi heterosexualidad pero entiendo de cerca cómo se sienten esas personas a las que llaman “CABROS”, “ROSQUETE”, “TRAGA SABLES”, “LECA”, “LECHUGA”, “MARIMACHA”, entre otros.

 

Cuando pasé por ese año de mi vida (sí, duró un año y pico), sentía que vivía una mentira. No, no por el hecho de besar a una persona del mismo sexo; sino, que tenía que MENTIRLE a todo el mundo: papás, amigos, primos, tíos, etc. ¿Para qué? Para que no me juzguen y no generarles daño (respeto su crianza, creencia e, incluso, su intolerancia). Estaba sola. Sobre todo, al inicio. Recuerdo cuando se lo conté a mi hermana y a mi mejor amiga (a ambas por separado pero sintiendo culpa, miedo, vergüenza). Finalmente, cuando se lo dije a alguien a quien admiro mucho  (a quien no voy a mencionar por respeto a su intimidad), en su afán de buscar lo mejor del mundo para mí, dijo “Los gays nunca son felices”. Y sí, tiene razón. No son felices por gente intolerante; entonces, le contesté “no, no voy a ser feliz por gente como tú”. Lloraba terriblemente todos los días y no por algo que estuviese haciendo mal, juro que no maté a nadie; sólo me enamoré de una mujer. THAT’S IT.

 

Es ridícula la forma en que categorizamos a las personas en heterosexual, gay, lesbiana, transexual, etc, etc… Nadie se presenta diciendo “Hola, soy Juan Carlos y soy heterosexual”; tampoco “Hola, soy Lucía y soy vegana”; menos “Hola, soy Fabiana y soy img_9999lesbiana”. No, no es relevante. La preferencia, opción, o tendencia sexual (o como quieras llamarlo) no te define como persona, ni como monstruo, ni como marciano y menos como Dios. Eres sólo un ser humano más, que tiene derecho a amar, a sentir, a enamorarse, a enfadarse, a TODO. Pero no, a muchos no les gusta la homosexualidad porque dicen que los gays son “promiscuos” o que “en ese mundo corre droga” y sí, les aseguro que sí sucede. Hay gays promiscuos y que consumen drogas. Los pueden encontrar en discotecas “de ambiente”; así como encuentras heterosexuales en discotecas “normales” (DETESTO esa palabra) que hacen exactamente lo mismo. Pero no, a ellos no los juzgues porque son “normales” (maldita palabra). NO. Esa persona NO es NORMAL. ¿Sabes qué es? Igual al homosexual. Es eso y punto; ni más, ni menos.

 

Entonces, ¿a qué le tenemos miedo? ¿Por qué mandar a la “guarida” (clóset) a todos los “cabros” y “lecas”. Intuyo que la respuesta es que le tienen miedo a lo desconocido y no saben cómo explicarle a sus hijos que “eso” no es “aberrante”; sólo existe y ya. ¿Saben qué le diría a mi hija (que aún no tengo pero me encantaría tener) si me dice “mamá por qué esos dos hombres se besan”? FIJO le respondería algo parecido a “Mami y papi se aman y se besan. Ellos, se aman y besan también. Algunos nos enamoramos de personas del sexo opuesto y otros, del mismo. Pero todos somos iguales, hijita. Todos podemos amar”. No hay nada malo en el amor. Dejemos, por favor, de hacer (como el nombre de la obra que vi e inspiró este post) “Mucho ruido por nada”.

Lo juro, familia.

-¿Cuánto costó?

-… (Respuesta de mi papi indicando el monto)

-(risas) El doble de lo que habíamos presupuestado. Claaaro, como a tí no te cuesta (más risas).

 

(Pasan, aproximadamente, 30 minutos)

 

-Yo te lo voy a regalar, hijita. No te preocupes. (cierra la puerta, luego de dejar el dinero en el tocador)

 

Las lágrimas caen desesperadamente de mis ojos, como ahora que lo recuerdo. No, no era nada costoso. Lo juro. No diré qué era, pues sólo sería el blanco de burlas por no poder costear eso para mis papás, quienes toda la vida se han desvivido por mí, mis necesidades y mis engreimientos. Lo siento. Juro que esto va a cambiar… algún día…MUY pronto, espero…Y si me preguntan ¿por qué me siento tan culpable?, la respuesta es: ellos son TODO. No puedo poner una foto de ellos (aunque la última que se tomaron es hermosa) porque no tengo su autorización. Sin embargo, sí puedo contarles acerca de ellos.

 

Mi mami (a quien le digo “Cachete”) es el ser humano más inteligente del mundo. Claro, lo aprendió de su padre (mi “papapa”). Ella tiene casi 56 años y JAMÁS pierde el interés de aprender. Todo lo sabe y lo que no conoce, lo investiga. Como yo siempre le digo (y ella presume de eso) es una enciclopedia parlante; con ella encuentras información más confiable de la que puedes hallar en cualquier buscador de internet. No sólo eso… ella es fuerte, muy fuerte. Y ojo que la fortaleza no se demuestra en cuántas lágrimas te aguantas; sino, en reconocer cuando algo te está matando por dentro, llorarlo, vivir el “luto” y luego seguir adelante. Nunca he conocido a una mujer que ame tanto como ella… Ay, si la vieran viendo a mi papá… y ¿saben? Siempre ha sido así, desde que tengo memoria. Eso me hace feliz porque estoy convencida de que mi hermana y yo somos fruto de un amor muy lindo. Ese amor que hace que la familia se mantenga unida (gracias al esfuerzo de ella, realmente). No me juzga, me acepta como soy (con locuras incluidas, mis errores y mis virtudes) y lo mejor de todo es que me alienta a ser una mejor persona y profesional. Si me preguntan, cuando sea grande, quisiera ser aunque sea la mitad de lo que ella es y representarle a mis hijos si quiera la mitad de lo que ella significa para mí.

 

Y mi papi, más conocido como “Lunkito”, es el hombre más tierno del mundo; es amable, detallista y nos engríe mucho. No duda en levantarse temprano para llevarnos el juguito de fresa o de papaya al cuarto, ni en prepararnos un “misterioso”, como él le dice al sándwich mixto. Él jamás duda en hacer algo que nos regale una sonrisa… ¿lo mejor? Es que lo hace sin esperar nada a cambio, aunque se merece TODO de vuelta. No es un pan de Dios, ha fallado y lo ha sabido aceptar; pero hoy trata de ser la mejor versión de él para mi mami, mi hermana y para mí.  Sí, hemos pasado por “vacas flacas” pero de todas ella ha sabido reponerse e inventar (junto a mi mami y su espíritu emprendedor) alguna salida para no vernos afectados.

 

Mi hermana, la loca más loca del planeta pero, al mismo tiempo, la más noble que puedan conocer. Se hace la fuerte; finge fortaleza pero lo hace para que no le hagan daño, pues muy en el fondo es más dulce que cualquiera de las personas antes mencionadas. Es súper inteligente, siempre la admiré. De hecho, desde pequeña, decía que era mi ídolo y trataba de hacer todo lo que ella hacía. Hoy, después de 26 años, sigo admirándola y amándola mucho. Ella sabe mis secretos más oscuros y jamás me ha juzgado. Se va, se va pues formó una nueva familia y pronto se irá de casa. Ya no tendré a quién fastidiar, ni a quién robarle ropa pero siempre tendré a una hermana-amiga en quien confiar.

 

Como pueden ver, mi familia es excepcional. Me hacen renegar y yo a ellos pero nos amamos. Hoy, este post es para pedirles disculpas por no darles todo lo que se merecen pero juro que, algún día, tendrán TODO y MÁS. Me verán y se sentirán orgullosos de mí y de todo lo que logré gracias a ustedes, lo juro!

Créeme, no tienes idea…

–  Deberías volver a escribir

(Suspiro, inhalo toda la incertidumbre posible y me pregunto “¿esta vez funcionará?”)

–  Sí, quizás… (¿a quién trataba de engañar? Ese SÍ no convencía a nadie… ni a mí misma)

–  En serio lo digo (voltea, mientras continúa manejando y me mira con esos ojos café que significan algo así como un “tranquila, todo va a estar bien”, que aplaca todos mis miedos e inseguridades. Luego, el recuerdo de lo feliz que era haciéndolo me golpeó en la cara; o más bien, en la garganta…)

–  ¿Sabes qué quisiera hacer y no puedo dejarme morir sin haberlo cumplido? (se queda callado, pues sabe bien que tengo la costumbre de preguntar y contestarme sola) … QUIERO PUBLICAR UNA NOVELA.

–  Puedes hacerlo, estoy seguro. Sobre la marcha.

Esta fue la última conversación que tuve con “él” antes de decidirme a abrir este blog.   “Él”, que me anima a ser la mejor versión de mí… y no, no para él; sino, para mí misma. “Arriésgate”, me dije. ¿Qué es lo peor que puede suceder? Y, así, claramente, el silencio se apoderó de mi mente. Prometo, esta vez, no herir la susceptibilidad de nadie mediante este blog y, si en algún momento lo hago, desde ya pido disculpas.

Bueno, vamos por partes. Mi nombre es… no, no vas a saberlo. No por ahora, al menos. Y si lo supieras, eso no te dice nada sobre mí. Todos piensan que conocer el nombre, profesión y lugar de trabajo, ya es saber “algo” acerca de esa persona. Pero, ¿sabemos cuál es su sueño de vida?, ¿qué le aterra y le genera ansiedad?, ¿hay alguna canción, película o libro que presione el botón de “sensibilidad”, que está muy en el fondo?… La respuesta, déjame decirte, es NO.

Tal es mi caso. Yo, la alegre, la divertida, la bailarina, la escandalosa, la “chispita mariposa”, o como decían mis profesores del colegio: “El pegamento que unía el equipo”… Soy más que eso. Incluso, a veces, ni siquiera soy todas esas cosas.  Hay algo de lo que estoy convencida al 100% y es lo siguiente: NO SOY UNA PERSONA CONVENCIONAL. No, no soy predecible, no podrás sacar una tendencia de mi comportamiento y menos de mi estado de ánimo. En ocasiones, creo que soy una anciana encerrada en el cuerpo de un adulto joven; otras, a la inversa.

Me gusta leer, aunque a veces me aturde y me genera dolor de cabeza. Me irritan los sonidos repetitivos, a menos que sea el de un violín. Me encanta ver el sunset; algunas veces sola y otras, con los que quiero. Detesto el hígado, a menos que esté en una riquísima sopa de pollo. Me encanta tomar agua (soy la única “gorda” del mundo a la que le fascina hacerlo). Amo a mi familia, aunque me cueste demostrarlo, pero su foto me acompaña todos los días en el escritorio de mi trabajo. Me gusta estar sola, menos en la noche porque me da miedo. Y lo más contradictorio, es que me aterra llegar “sola” a la última etapa de mi vida…

Después de esto, ¿crees que sabes acerca de mí? Quizá algo. Junto a este blog podrás conocerme; si te interesa, claro. Algunos posts serán reales y otros sólo ficción. Pero algo te aseguro, nunca sabrás cuál es cuál y eso lo hace más interesante. Dicen que los ojos son el reflejo del alma. Acá te dejo los míos para que puedas darte una idea.

ojos2

Ahora, ¿piensas que me conoces? Déjame decirte algo: No tienes idea…

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.Mucho más que azotes.

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No pretendo contar nada que no sepas ni de ti ni de mí, sólo quiero que te encuentres entre estas líneas y que me busques a mí después porque hay un trozo de cada uno de nosotros en estas frases.

silvianart

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