Mucho ruido por nada

Hace, exactamente, 4 días; es decir, el sábado en la tarde, fui al teatro a ver “Mucho ruido por nada”. En realidad, en un inicio, no le tenía fe a la obra. Sólo fui porque a la persona que me invitó “babea” por Paul Vega, quien actuaba ahí y me convenció. Al llegar, había muchos sitios vacíos, lo que me llevó a pensar “seguro es malaza y nadie quiere verla”. Por lo que mrpnsólo suspiré profundo y volví a pensar “ponte cómoda, nomás, que tienes para rato”. Luego, recordé que había otra función más tarde y asumí que era sumamente temprano y la gente (menos nosotros) no suele elegir ir al teatro a las 4p.m. sino, a las 8p.m. cuando el sol dejó de calcinarte la piel. Mientras iban en la 1era, 2da y 3era llamada, me dediqué a ver el folleto que mi acompañante había comprado y había infinidad de frases referentes a la equidad de género. No entendí y lo dejé pasar. Miento. Sólo lograba formularme la pregunta siguiente: ¿Qué tiene que ver una obra de Shakespeare con la homosexualidad? De todos modos, no tuve respuesta. Así que me dediqué a ver (disfrutar) la obra.

 

Así es, terminé por disfrutarla, estremeció cada poro de mi piel y mis vellos se pusieron de punta. No les voy a fregar la historia (para quienes quieran ir a verla. LA SÚPER MEGA ARCHI REQUETE RECOMIENDO) pero, en resumen, me encantó por 3 motivos. El primero, los actores son de primera y su puesta en escena, me dejó impactada. El segundo, la música en vivo, que acompañaba al elenco, me encantó. Finalmente, porque trataba un tema tabú que no muchos se animan a hablar y menos escenificar, ni actuar. Todos los papeles (hombres y mujeres) eran representados por varones. Con lo cual, si había un romance, era entre hombres. Y lo hubo. Dos hombres terminan enamorándose y saliéndose del personaje para darse la más hermosa (y excitante) muestra de amor: un beso. Fue, entonces, que uno de los actores pregunta (no recuerdo EXACTAMENTE las palabras que usó) ¿Quiénes somos nosotros para impedir que este amor se realice?

 

No hice más que pararme y aplaudir desesperadamente porque, tal como lo dijo el actor, no tenemos ningún derecho a decirle a alguien a quién debe o no debe amar. ¿Por qué unos muchos deben elegir el futuro de unos SUPUESTOS pocos? Ojo, digo “supuestos” porque img_9991cada vez más personas se atreven a asumirse, valorarse, amarse como son y verbalizarlo abiertamente. “Está de moda salir del clóset”, dicen algunos. Y, probablemente, tengan razón pero el único motivo por el que “está de moda” es porque ¿Por qué seguir encerrado en el clóset en el que alguien más decidió encerrarte? Así es, señores, ha sido la homofobia la que ha encerrado en el clóset de la vergüenza a muchas personas que recién hace poco se animaron a decir “SOY GAY … Y QUÉ”.

 

¿Saben que es lo peor? Que nos olvidamos de darle importancia a lo importante, que esa persona (porque sí, es un ser humano como tú) también siente, tiene miedos, inseguridades, alegrías, penas. ¿Te imaginas cómo se siente cuando la humillas, cuando la miras con asco, o cuando se ve obligado a rogar porque la tierra lo trague como un topo solo porque A TI no te gusta lo que ves? Si no te gusta, permíteme darte un consejo: TÁPATE LOS OJOS o cruza a la vereda del frente, o mira hacia otro lado. Te lo digo por experiencia. En algún momento de mi vida, “probé” tener una relación homosexual. No, no me considero Lesbiana pero tenía que probarlo. Hoy, estoy convencida de mi heterosexualidad pero entiendo de cerca cómo se sienten esas personas a las que llaman “CABROS”, “ROSQUETE”, “TRAGA SABLES”, “LECA”, “LECHUGA”, “MARIMACHA”, entre otros.

 

Cuando pasé por ese año de mi vida (sí, duró un año y pico), sentía que vivía una mentira. No, no por el hecho de besar a una persona del mismo sexo; sino, que tenía que MENTIRLE a todo el mundo: papás, amigos, primos, tíos, etc. ¿Para qué? Para que no me juzguen y no generarles daño (respeto su crianza, creencia e, incluso, su intolerancia). Estaba sola. Sobre todo, al inicio. Recuerdo cuando se lo conté a mi hermana y a mi mejor amiga (a ambas por separado pero sintiendo culpa, miedo, vergüenza). Finalmente, cuando se lo dije a alguien a quien admiro mucho  (a quien no voy a mencionar por respeto a su intimidad), en su afán de buscar lo mejor del mundo para mí, dijo “Los gays nunca son felices”. Y sí, tiene razón. No son felices por gente intolerante; entonces, le contesté “no, no voy a ser feliz por gente como tú”. Lloraba terriblemente todos los días y no por algo que estuviese haciendo mal, juro que no maté a nadie; sólo me enamoré de una mujer. THAT’S IT.

 

Es ridícula la forma en que categorizamos a las personas en heterosexual, gay, lesbiana, transexual, etc, etc… Nadie se presenta diciendo “Hola, soy Juan Carlos y soy heterosexual”; tampoco “Hola, soy Lucía y soy vegana”; menos “Hola, soy Fabiana y soy img_9999lesbiana”. No, no es relevante. La preferencia, opción, o tendencia sexual (o como quieras llamarlo) no te define como persona, ni como monstruo, ni como marciano y menos como Dios. Eres sólo un ser humano más, que tiene derecho a amar, a sentir, a enamorarse, a enfadarse, a TODO. Pero no, a muchos no les gusta la homosexualidad porque dicen que los gays son “promiscuos” o que “en ese mundo corre droga” y sí, les aseguro que sí sucede. Hay gays promiscuos y que consumen drogas. Los pueden encontrar en discotecas “de ambiente”; así como encuentras heterosexuales en discotecas “normales” (DETESTO esa palabra) que hacen exactamente lo mismo. Pero no, a ellos no los juzgues porque son “normales” (maldita palabra). NO. Esa persona NO es NORMAL. ¿Sabes qué es? Igual al homosexual. Es eso y punto; ni más, ni menos.

 

Entonces, ¿a qué le tenemos miedo? ¿Por qué mandar a la “guarida” (clóset) a todos los “cabros” y “lecas”. Intuyo que la respuesta es que le tienen miedo a lo desconocido y no saben cómo explicarle a sus hijos que “eso” no es “aberrante”; sólo existe y ya. ¿Saben qué le diría a mi hija (que aún no tengo pero me encantaría tener) si me dice “mamá por qué esos dos hombres se besan”? FIJO le respondería algo parecido a “Mami y papi se aman y se besan. Ellos, se aman y besan también. Algunos nos enamoramos de personas del sexo opuesto y otros, del mismo. Pero todos somos iguales, hijita. Todos podemos amar”. No hay nada malo en el amor. Dejemos, por favor, de hacer (como el nombre de la obra que vi e inspiró este post) “Mucho ruido por nada”.

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Autor:

NO SOY UNA PERSONA CONVENCIONAL. No, no soy predecible, no podrás sacar una tendencia de mi comportamiento y menos de mi estado de ánimo. En ocasiones, creo que soy una anciana encerrada en el cuerpo de un adulto joven; otras, a la inversa.

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