Al mundial, carajo!

“Que se haga victoria nuestra gratitud”… Esta frase, que tanto cantamos en los últimos meses, parece una profesía del gran Zambo Cavero… Una hermosa profesía que anoche se hizo realidad.

Todo empieza con un “¿Dónde vas a ver el partido?”. Cuántas de esas preguntas hicimos, cuántos planes, cuántas reuniones con amigos y/o familiares… Reuniones que solían acabar en quejas, llantos, y hasta un “PUTAMADRE, jugaron HASTA EL CULO”. Y todos nos creíamos Directores Técnicos, todos éramos eminencias en este arte que se juega en equipo y con los pies, todos ninguneábamos a esos muchachos que hoy nos regalan TANTO.

 

Debo admitir que ayer que estaba intranquila. Conforme pasaban las horas, no podía controlar mi ansiedad. Ya sentada en el lugar donde vería las magníficas jugadas, mis piernas se movían y sólo pensaba “VAMOS PERÚ”. Todo el local estaba igual; había matracas, vuvuucelas y camisetas de Perú. Qué linda camiseta, ¡carajo! Santiago, mi pequeño Santiago, que aún tiene 7 meses y sigue dentro de mí, también sentía la emoción. Se movía diferente, se movía más, se movía porque sabía que llegaríamos al mundial.

 

Screenshot_20171116-094654

Y llegó el primer gol. Después de varios intentos. El oponente trató de armar una muralla para que nuestros jugadores no pasen; pero hubo uno… uno, que con ayuda de un equipo ilusionado con el triunfo, lo logró: Farfán. Metió el gol que nos llevaría de nuevo al mundial, que nos regresa a ese sueño que nunca pude vivir. Qué tal nobleza de este tipo… Festeja su gol sacando la camiseta del 9: El Capitán… Ese que no sólo es el líder de la selección, al que niños y adultos admiran pero al que muchos trataron de tumbar en los últimos días; sino, quien fue su compañero de entrenamientos en el club AL, su pata del alma: Guerrero. Gran gesto, Farfán. Mis respetos.

 

 

 

Se acabó el primer tiempo pero no podíamos cantar victoria aún porque faltaban otros 45 de “ajuste”. Los Kiwis podían meternos un gol y LA CAGADA. Pero no, llegó LA SOMBRA… La sombra, que en vez de traernos oscuridad, nos regaló esperanza, alivio y nos hizo decir ESTAMOS EN EL MUNDIAL. Ya estábamos dentro y el partido no acababa. Dieron 4 minutos extra que parecían interminables pero, al culminar la cuenta regresiva, todos gritamos a una sola voz: GANAMOOOOOOOOOOS.

 

Anoche las calles eran una LOCURA. La gente gritaba, lloraba, se abrazaba (incluso sin conocerse), cantaban, besaban su camiseta. Las banderas de mi bicolor no dejaban de flamear, el tráfico no molestaba a nadie, el claxon tenía ritmo y transmitía alegría, Todos estábamos (estamos) felices. Esa es la magia del fútbol: te hace vivir intensamente, te hace sentir… Te hace convertirte en un hincha acérrimo aunque jamás habías visto un partido (es mi caso), te hace cantar, gritar, alentar. Hace que este deporte no sea sólo para hombres; sino que sea para toda la familia, une personas, une alegrías…

 

Gracias, profesor Gareca. Sin usted esto no hubiese sido posible. Gracias por confiar en el equipo peruano. Tantos partidos antes de dejar lo “matemáticamente posible” y cambiarlo por un “LO LOGRAMOS”. Gracias, Selección, por regalarnos este sueño (del que no quiero despertar). Este que nunca antes experimenté y que, hoy, me estremece hasta el alma. Ese mismo del que hablaban recordando “España 82” y yo no tenía idea a qué se referían. Hoy, los entiendo… ES INCREÍBLE. Ya quiero mi álbum del mundial con las figuritas de Guerrero, Farfán, Cuevita, Gallese, Orejas y todos mis jugadores de oro.

 

Hoy, llevo puesta mi gorra de Perú y aunque me digan que “Ya acabó el partido”, la seguiré llevando porque esto RECIÉN EMPIEZA!

 

VAMOS PERÚ, CARAJO!!!!

Anuncios

La pose de la grulla a la “vejez”

Hace unos cuantos fines de semana fue el cumpleaños de uno de mis mejores amigos (Tranquilos, este no va a ser un post cursi-dramático sobre cuánto quiero a este ser humano de casi dos metros de altura). Él hizo una “reu tranqui” en su casa. Tragos van, tragos vienen, salen los chorizos, salió la carne #MoriréGordaPorSuCulpa  y, de pronto, se escucha un  “SHOOOOOOT”. Maldita palabra que a la gente (me incluyo) le gusta corear para obligar alentar a un@ amig@ a que seque un shot de cualquier brebaje exótico que va desde ron puro, pisco puro, tequila, jagger o cualquier “preparado criminal” hecho a base de todos los restos de las botellas. Yo iba 2 shots de pisco pero mi mejor amiga alias “No sé por qué se me subió tan rápido” (no me mates), ya se había tomado hasta el agua del florero.

 

a3

Conforme la gente iba empilándose, las ganas de “seguirla” aumentaban y dimos a parar en una discoteca. Una, dos, tres botellas de ron y en un abrir y cerrar de ojos ya eran las 4 o 5 de la mañana. Mis ojos #SoyUnaAnciana se cerraban y la gente iba escapándose, cada uno como buenamente podía. Unos sin despedirse; otros, con besito en el cachete y nunca falta mi amigo (alias wuowuowuo) “acechando” a alguna fémina. Finalmente, una amiga, un amigo y yo nos fuimos, dejando a una parejita en plena “conversa sana”.

 

Al salir, yo caminaba como modelo de pasarela y no precisamente por mi forma elegante de colocar las piernas una delante de la otra; sino, porque trataba de contener las ganas de orinar. a1Lo mismo pasaba con mi amiga, hasta que VIMOS LA LUZ  camino a la escalera: EL BAAAAAÑO (léase con tono de minion). Entramos las dos (típico en las mujeres) y mientras “desalojábamos la tubería”, conversábamos de un baño al otro.

  • Estoy haciendo la pose de la grulla, brother
  • PTM, yo también y no puedo mantener el equilibrio
  • No deja de salir y ya me duele la rodilla #PiedadTengoArtrosis
  • No sabes lo difícil que es hacerlo con cartera en la boca

Qué extraño! Hace unos años atrás éramos unas expertas en la materia y podíamos hacerlo incluso borrachas. Esa noche recordé que hay cosas que ya no se pueden hacer a la vejez   los 27 o 28 años.

 

Y claro, a las mujeres nos han educado con ideas como “no te sientes, porque te va a dar sífilis”, o “si te sientas puedes quedar embarazada”, entre otras consecuencias trágicas. Mientras tanto, los hombres llegan, se paran, ajan el cierre, sacan a su “amiguito” y baaaam pistolean (algunos con PÉSIMA puntería) y listo, hombre libre y feliz. En cambio, nosotras nos hemos acostumbrado a hacer la bendita pose de la grulla. Y claro, a los 17 años es simple hacerlo siempre (no importa cuán etílica estés) pero  a los 27 es otro cantar.

 

Imagínense esto: el primer trago y tienes toda la dignidad y la cara de tu mami diciendo cuán peligroso era sentarte y estás como para que te tomen foto para “El manual de cómo hacer la pose de la grulla”. a2Al 5to trago, se te complica aún más pero todavía escuchas a tu mami dándote consejos. Su voz en tu cabeza empieza a sentirse más lejos y se va perdiendo con la música de la discoteca. Adicional a eso, te das cuenta que el módulo es TAN enano, que ni siquiera puedes dejar tu trago en el piso y lo sujetas. Las piernas te duelen, tienes taco 12 y aguja y te vas agachando lentamente súper confiada en que nadie ve el error que estás cometiendo. Trago N° 10: Con las justas puedes caminar hasta el baño, no quieres soltar tu trago, el módulo en el que estás no tiene ganchito para poner la cartera te la cuelgas en el cuello mientras muerdes el vaso donde está tu trago. Te duelen las piernas #LoSientoTengoArtrosis y juuuusto toca la “pichi” más larga del mundo. El dolor no para, escuchas la música de la discoteca y suena tu canción favorita del momento y, entre dientes, dices “mi cancióoooooon” pero estás sufriendo tanto por el dolor de piernas, que no puedes apurarte y salir a bailar; así que piensas QUÉ CHUCHA  no va pasar nada  y TE SIENTAS.

 

Te dio sífilis? NO. Quedaste embarazada? No. Y ojo, no digo que sea lo más higiénico del mundo (PARA NADA) pero entiendan que hay cosas que se nos dificultan “a la vejez”.

 

El “Mundo dulce” está PODRIDO

¿Alguna vez te ha sucedido que estás en tu casa, pasa el camión de basura y deja un olor nauseabundo? O ¿Tienes muchas ganas de comer, recuerdas que hay una bolsa de pan, la abres y ves que está lleno de hongos? … Caballero, a morirse de hambre porque EVIDENTEMENTE está podrido. Lo que acabo de mencionar es algo simple a la vista, ¿no? Si pasa el camión de la basura, sabes que no traerá un “aroma” a flores. Si ves un pan verde con hongos, sabrás que está podrido y que comerlo sería un pasaje sin escalas a la clínica más cercana.
Pero ¿qué hacemos cuando no es tan sencillo de descubrir? Cuando aquello “podrido” viene en empaque, con moño de regalo, con olor a perfume caro, etc. Pongámoslo así: Una persona con el interior TOTALMENTE  PUTREFACTO. ¿Es posible? Déjenme decirles que sí. Conozco a una. BRUJABueno, digamos que nunca jamás la he visto pero se ha dedicado a atormentarme la vida vía “inbox” y leyendo este blog. Es una bruja que prepara unos hermosos postrecitos pero, cuidado, nunca se dejen llevar por la masa elástica, el frosting o la envoltura bella que usa con el logo de su marca porque, si son igual a ella, es posible que de relleno tenga popó de perro o aerosol para matar cucarachas.

 

2Me expreso así porque es un ser humano (si es que pueda ingresar a esa categoría) que goza, sonríe y disfruta al ver sufrir a la gente. Esto es su hobbie y, claro, se entiende, pobre tía solterona que no tiene nada mejor que hacer. Pero ¿Qué le da derecho a alguien de JODERLE la vida a otra persona? Nada. Sólo que hay especímenes MALOS y ella lo es. ¿Saben qué es lo peor? Que será muy difícil darte cuenta. Viste de rosado, postea fotos con su hijo como “madre ejemplar”, trata de usar outfits a la moda (jamás le liga pero al menos lo intenta), visita buenos sitios, va a misa, pertenece a grupos de oración y dice que tiene un “Mundo dulce” (jaja) pero, desgraciadamente, ese mundo está podrido.

 

Deja de meterte en vida ajena, brujigorda, que ya estás bastante mayorcita para meterte con alguien como yo. Y aquí algunas recomendaciones:

  1. ¿Madre ejemplar? ¿FOR REAL? Deja de darle mal ejemplo a tu hijo; sino, se volverá como tú: un experto USANDO a la gente.
  2. No uses a tu hijo como “anzuelo” para atrapar al único hombre que voltea a mirarte.
  3. ¿Vas a misa y haces grupos de oración? Sé consecuente con lo que predicas, por lo que te golpeas el pecho y prendes tu velita misionera. A Diosito no le gustan las personas como tú, ojo al piojo.
  4. ¿Ropa rosada? Reinita, ya no tienes 15 años… Así quisieras. Supéralo. Ya no eres una adolescente; vive y goza tu edad sin roche. Sino, se ve ridículo, créeme.
  5. Eres excelente haciendo negocios (eso no lo niego) pero déjame decirte: las personas no somos un negocio. Deja de USAR a los demás y mejor preocúpate en hacer más fortuna o en darle el mejor ejemplo a tu hijo, que no tiene la culpa de haber caído en tu vientre.
  6. Como dije, eres A1 haciendo negocios pero el hecho de que tengas tu marca de Cupcakes, no quiere decir que te vas a comer toda la pastelería, no te excedas. Estás bastante pasadita de postres. #DietaUrgenteYa

3

Lo que más risa me da es que “me odias” pero estás pendiente de lo que hago o dejo de hacer, de lo que escribo y lo que no. Por eso, hice este post. Claramente, no diré tú nombre pero estoy segura, brujigorda con brackets (apelativo cariñoso, no te ofendas) que estás leyendo esto. Con este post “amoroso” me despido y te mando un fuerte abrazo hasta estrujarte y dejarte sin aire. Que sigas teniendo muchos éxitos con tu “Mundo dulce podrido”.

Las secuelas de un adiós

A los que leyeron el último post (que ya fue borrado) les parecerá súper extraño leer lo que hoy traigo. Pero así son las cosas de la vida; en un abrir y cerrar de ojos se puede destruir todo lo que habías construido con tanto esfuerzo y cariño. Hoy, sólo quedan bonitos recuerdos y mucho rencor. ¿El motivo? Un fantasma… El fantasma de la ex que da vueltas cuando se le da la gana y hace y deshace según su antojo. ¿Mi conclusión? Me cansé de todo esto. Estoy para que me quieran bien, bonito y apasionado; no para andar batallando con monstruos y recuerdos pasados.

 

No, nunca lo vi venir. Debo admitir que, tal como expresé en mi último artículo, estaba (estoy, para ser honesta) enamorada aún. Pero esas cosas pasan. Nadie muere de desamor. Uno llora lo que tiene que llorar, sufre, vive su luto y luego pasa la página y empieza a vivir de nuevo. Me encantaría decir que ya estoy en esa última fase pero no. Estoy en la etapa del luto pero es un luto agotado, que sólo espera que todo esto pase pronto. 11

 

¿Hice algo mal? A decir verdad… NADA… Y no lo digo yo (porque siempre es sencillo echarse flores), lo admite él. “Te pagué amor con idiotez”, dice. Y sí, así es, pero el hecho de que lo reconozca (al menos eso hizo) no me quita el mal momento, la angustia que sentí mensaje tras mensaje, el insomnio de noche, ni el constante nudo en la garganta. Al menos sé que yo hice bien y que el karma no me dará en la cara… No a mí. A los otros dos (o tres) involucrados sí… y MUY fuerte. Soy fiel creyente de que todo lo que das se te regresa. Yo di mucho amor y eventualmente será regresado (en otro momento y por otra persona, claro está) y él… él se equivocó y me regaló varias lágrimas y ya le llegarán a tocarle la puerta… de eso no hay duda.

 

No voy a contar detalles de la historia “del final” porque sería morboso y bastante doloroso recordarlo. Sólo puedo aconsejar algo: Nunca, nunca nunca se metan con alguien si no están seguros(as) de que superó a todos y cada uno de sus ex´s (por más antiguos que sean). Ah, otro consejo: que no haya habido besos o sexo, quiere decir que no ha habido infidelidad. Pero que te oculten algo o mientan sobre determinados eventos, es desleal y pesa lo mismo.

 

12¿Las secuelas de esta ruptura? Un auto rayado, un corazón roto, una Tablet nueva en el piso, una rosa de mi color favorito en la basura, un monedero Renzo Costa nuevo en venta, varias lágrimas, ojos hinchados, un “no te vayas para siempre”, otro “cuando uno no sabe qué hacer es mejor no hacer nada”, muchos “me apena todo esto” que no llevan a la acción, miles de “lo siento”, un sueño de una casita en San Bartolo deshecho, un perro llamado “Duque” al que no voy a volver a ver y ya extraño y una bruja con brackets muriendo de la risa tras la pantalla de su computadora.

 

Pero a mal tiempo, buena cara! Así que sonrisa en la cara, me seco las lágrimas y para adelante, como siempre.

Mi pieza

Nunca he sido fan de los rompecabezas. Pero, hoy, vi uno y digamos que me inspiré. Sólo ver este juego hizo que me cuestione muchísimas cosas (unas importantes y otras ni un poco). Uno de estos asuntos fue: Qué increíble cómo, muchas veces, intentas ajustar una pieza en un lugar donde NO va; pero tú, terrible optimista (o idiota), continúas haciéndolo. Otro punto: Las piezas NUNCA jamás son iguales y si lo fuesen, no encajarían. Yo pasé mucho tiempo de mi vida tratando de encajar piezas sólo porque sí, por no sentirme sola, por el detestable “estoy soltera” o qué sé yo. Hasta que, de pronto, encontré la pieza que me faltaba.

 

Hace 6, 7 u 8 años (ya perdimos la cuenta), yo me encontraba en un salón de clases en la universidad. No me tocaba ese curso; me había retirado. De pronto, entró el que supuestamente era el profesor. Carla, siempre coqueta, hizo algún comentario desubicado y extremadamente confianzudo para una alumna de 18 o 19 años. ¿Total? Nunca lo iba a volver a ver. Tan graciosa es la vida que, al siguiente ciclo, quien ingresaba a darme clases era el mismo sujeto al que había hecho enrojecerse 6 meses atrás. “Qué vergüenza”, “¿Se acordará de mí?”, “Sigue igual de churro”, “¿Y si me retiro del curso?”, esas eran algunas de las cosas que daban vueltas en mi cabeza.

  • Yo me acuerdo de usted, señorita – dijo mientras caminaba por el salón y me miraba
  • Soy inolvidable – respondí, tratando de hacer como si no me importara.

 

Después de este encuentro, sólo esperaba todos los Martes y Jueves de 9-11 a.m. para poder verlo y coquetearle. Usé toda mi artillería pesada: miradas, faldas cortas, rulos al viento, hasta me hice delegada del curso sólo para tener su número celular. Dejé manzanas, mandarinas, post its en el escritorio y hasta en el vidrio de su auto… #EstabaLoca… Hasta que un día me atreví y lo agregué a Facebook. Él, rápidamente, me aceptó. Escribí temerosa un “Hola” y él contestó igual. “Oh por Dios… Esto no puede estar pasando”, pensaba. Pero sí, si estaba sucediendo y no era producto de mi gran imaginación. Así, fue que conversar con él se volvió una costumbre y hasta una necesidad… Iba a clases, a trabajar y al gimnasio con la única idea de volver pronto a casa para conversar con él por Facebook Messenger. Tonta yo. Él tenía novia, era “feliz” (nótense las comillas) y yo era sólo una chiquilla. Nunca nos vimos, nunca nos besamos, nunca nada. Desapareció y desaparecí. Ya ni recuerdo cómo fue el “adiós” o si fue necesario que haya uno. ¿Total? Nunca fuimos nada.

 

Yo hice mi vida y asumo que él también. Cada cierto tiempo, lo recordaba y sonreía pero dejaba ir ese recuerdo. Un día, entré a su Facebook a ver qué era de su vida. Y ahí estaba él, tan serio, con esa sonrisa de costado, esos dientes chuecos y sus camisas remangadas, tal como lo recordaba. Había colocado un artículo PRO Unión civil y yo, en esa época, estaba con unA chica y me creía “la incomprendida”; entonces, no tuve mejor idea que escribirle para decirle que me parecía genial que esté a favor. Una vez más, tonta yo. ¿Qué demonios tenía que estar ventilando mis intimidades con un ser humano del que no se hace muchos años? Él me contesto 2 o 3 palabras y volvió a desaparecer. Así era él.

 

Algunos años después de este “incidente”, llega un mensaje a mi Facebook Messenger:

  • Hola
  • ¿Hola? – Era él, escribiéndome como si nada hubiese pasado.

Y volvimos a hablar todos los días, todo el día. Me invitó a salir 1, 2, 3 veces y finalmente vencí mi miedo  acepté. No fue la mejor cita de todas pero algo quedaba rondándome la mente “Es él”. No voy a entrar en detalles porque me tomaría varias páginas contándoles nuestras idas y vueltas. Sólo deben saber que ninguno de los dos pensó llegar hasta donde hoy nos encontramos.

 

Jigsaw puzzle in the  red heart. Vector illustration.Él es TOTALMENTE diferente a mí. Incluso, somos de diferentes generaciones por la diferencia de edad (18 años). Yo soy extremadamente sociable, podría hablarle a la pared. Él, por el contrario, es un tipo callado, que no le gustan las multitudes y menos conocer gente nueva. Él es súper paciente… De verdad, tiene una paciencia de santo. Yo soy explosiva e impulsiva. A la primera, ya estoy “escupiendo veneno” y hago TANTO daño. Él medita y analiza; yo sólo actúo. Yo AMO bailar; él jamás lo intentó. Nos gustan sitios, cosas, canciones y hasta películas diferentes. Pero de eso se trata: de poder encontrar puntos medios que nos hagan felices a ambos ¿Fácil? No, ni un poco. Acá hay y seguirá habiendo mucho trabajo, paciencia y comunicación. Pero, sobre todo, muchas ganas de que las cosas funcionen y no rendirse a la primera. ¿Por qué? Simplemente, porque escuchar su voz al otro lado del teléfono, despertar con un “buenos días, mi amor”, recibir un desayuno en la cama, discusiones estúpidas, noches de cine y cancha, cantar en el auto y hasta escuchar sus ronquidos son cosas que me hacen INMENSAMENTE FELIZ. Ese es el arte del rompecabezas con el que inicié este post. La “magia” radica en encontrar la pieza exacta que encaje en el lugar exacto a pesar de ser perfectamente diferente. Yo ya encontré mi pieza.

El encuentro del terror

“Tú no deberías estar nerviosa. El nervioso debería ser yo”, dijo al teléfono.

“No estoy nerviosa”, mentí. Lo estaba y mucho. Cómo no iba a estarlo; era su primera vez y, si todo salía mal, también sería la última.

 

El jueves, fue la presentación oficial de mi mami con “mi chico”, “saliente”, “novio”, “enamorado” o como quieran llamarlo. Todos se preguntarían cuál es el problema en esto y yo respondo: TODO. En primer lugar, él es 18 años mayor que yo, cosa a lo que mis padres (y creo que cualquier padre) se oponen. Por otro lado, mis papás digamos que son “especiales” y no les gusta su apariencia. Ok, con especiales quiero decir que son clasistas (ojo, no racistas porque no tiene que ver con la raza; sino, con dónde vive, cómo viste, qué sitios frecuenta y cuánto gana).

 

La verdad de la milanesa es que él (mi chico de la sonrisa de mueca) no es un Ken para hacer pareja con la Barbie, ni un muñequito de torta, ni mucho menos un modelo de pasarela. Tampoco es Oropeza, ni ha sido sobornado por Odebretch; con lo cual, tiene dinero pero no MILLONES. Pero eso, finalmente, no era lo que yo (y él aunque lo niegue) quería que mi madre supiera. Yo quería que vea más allá de la ropa, el perfume que usó o la propina que dejó en el restaurante. Yo quería que vea que no es uno de esos que van con una y con otra, engañándolas a todas, jurándoles “amor eterno” mientras que comparten cama con medio Lima y balnearios,. Quería que tengan la certeza de que no es un pandillero, ni un borracho. Quería que confíen que estaría segura con él y que no era un pegalón ni lisuriento; de esos que tienen cara de “buenitos” pero son tremendos mantenidos y que a la primera “pasada de tragos” golpean a sus parejas.

 

Nos citamos los tres (él, yo y mi mami) en la pastelería San Antonio de chacarilla. Yo llegué primero y estaba comiéndome las uñas porque tanto mi madre, como yo, somos “enfermas” de la puntualidad. Él se retrasó 5 minutos. Llegó y lo primero que hace fue sonreir (no a boca abierta; sino, como mueca) y estirarle la mano.

  • Buenas noches, señora
  • Hola
  •  Qué le das la mano, oye. Ni que fuera hombre (añadí), salúdala con beso.

Así, se soltaron un par de risas y una introducción graciosa gracias a mí. Conversamos acerca de diversos temas: su familia, la nuestra, la misa de mi mami (su tema favorito), política, entre otros.

 

Ella lo miraba, tratando de ser amable y él sudaba (siempre suda) y se limpiaba usando una servilleta e intentando pasar desapercibido. FAIL, todo San Antonio vio las gotas chorrear por su frente. Yo le deslizaba servilletas de manera estratégica y él, gracias a Dios, entendía el mensaje. En cierto momento, sentí la necesidad de ir al baño pero temía por dejarlos solos. ¿Y si se llevaban mal? ¿y si mi mami o él hacían un comentario desatinado? ¿y si él decía que era ateo e iniciaba un debate religioso?. Decidí aguantar 10, 20, 30 min, hasta que no pude más y fui. Al volver (obvio, traté de demorarme lo menos posible (nunca había subido las escaleras tan rápido) los encontré conversando con sonrisas en sus rostros y respiré aliviada. Al poco rato, pidió y pagó la cuenta.

 

Salimos, él abrió las puertas del auto (no fingía; él siempre es así de caballero) y se despidió a través del vidrio. Yo pensaba “sólo quiero saber la percepción de ambos”. Giré el cuello hacia mi madre y dije “¿Y qué te pareció?”, a lo que ella respondió “Mmm… digamos que habla bien, es una persona de edad, es serio, pero suda demasiado y no me miraba a los ojos. Yo le mantuve la mirada pero él me desviaba”. Bueno, en realidad, el no suele hacerlo y, adicional a ello, estaba nervioso. Me preguntó, después, cuál era la intención de él conmigo y le comenté que ni él ni yo estábamos para jueguitos y que esto pintaba bastante serio.

 

En resumen, si tuviese que puntuar la reunión de ayer del 1-10 le pondría un 7 y creo que fue un buen inicio. La historia con mi padre… Dios me ampare. Deséenme suerte.

A mi ídolo de todos los tiempos

Es domingo 15 de Enero; son las 7:30 am aproximadamente y, a pesar de que es verano, siento un frío de la patada. Mis papás ya están despiertos y mi padre ya fue a comprar flores. Nos acercamos a su cuarto, mi mami cuenta “1,2,3…” Y empezamos a entonar el Happy birthday con el que los “Botetano-Usquiano” solemos despertar al cumpleañero. En este caso mi hermana.

Ella se rehúsa a despertar, pues anoche festejó y está cansada. “No molesten”, dice mientras se ríe y abraza a mis papás. Yo la miro sonriendo y le hago bromas respecto a sus 31 primaveras. A su lado, su esposo aún ronca… Digo, duerme. Miro la escena y se me hace un nudo en la garganta (llorona Style) pero lo disimulo con alguna de mis payasadas.

– Por qué quieres llorar,tonta? – me pregunta mi voz interior.

– Es que está casada, pronto se irá de la casa… Ya nada es lo mismo – contesto en mi mente.

Tengo razón. Nada es lo mismo. Ahora, todo es mejor entre ella y yo. Antes, solíamos pelear mucho. No solo con golpes (que eran fortísimos); sino, con palabras (que herían aún más). Lo peor del asunto era que ambas nos conocíamos tanto, que sabíamos dónde dolía más y era justo ahí donde apuntábamos. Felizmente, todo eso quedó en el pasado.

“Hoy, te voy a dedicar un post en mi blog”, dije. Y aquí estoy cumpliendo mi promesa, hermani. Más allá del típico “Feliz cumpleaños”, debo agradecer porque me haya tocado una hermana tan increíble. Está más loca que una cabra, le faltan varios tornillos pero es 100% auténtica. Es inteligente; siempre sacó excelentes notas sin necesidad de “matarse” estudiando. Baila fatal (como si escuchara otra música en su mente) pero canta fabuloso y siempre se lleva varias palmas. Es una campeona porque consigue todo lo que se propone, es aguerrida, valiente y muy optimista. A pesar de un par de cosas que le sucedieron, está aquí parada, sonriendo y caminando firme… Siempre a paso firme.

fb_img_1484514746647

Si estás leyendo esto (espero que sí), quiero agradecerte por nunca juzgarme, por siempre apoyarme y tratar de entenderme. Nuestro cariño jamás ha sido el típico de cuento de hadas pero es real, de eso no hay duda. Creo que los “eventos matrimoniales” nos ayudaron a unirnos más. Gracias por dejarme compartir contigo un poquito de esa mezcla de estrés y alegria, que se tradujeron en lágrimas de emoción cuando te vi entrando a la iglesia o bailando el vals (intentando llevar el ritmo). Definitivamente, fuiste la novia más hermosa del mundo. Ya quiero que me hagas tia.

Para terminar, déjame contarte un secreto: cuando era niña, quería ser como tú. Dejaba que estrenes y malogres mis Barbies, sólo por el placer de jugar contigo. Disfrutaba que me vistieras terrible, sólo porque luego venía el desfile de modas contigo. Y hasta sufría cuando me decías que te ibas de la casa, aunque sólo te escondías detrás de la puerta. Eras mi ídolo. Hoy, después de varios años, te admiro más… Mucho más.

FELIZ CUMPLEAÑOS, CAMPEONA!!

Se te va la vida…

Fuiste a dormir; cerraste y abriste los ojos y te diste cuenta que se te fue el 2016. Así, sin más ni más, se te acabó el año. Ahorita, debes estar pensando en la fiesta y el desmadre de año nuevo, en cuántas botellas de ron serán necesarias o si llevas uno o dos bikinis. Y sabes? Tuviste todo un año para pensarlo. Tuviste todo un año para pensar en estas y otras cosas más (igual o menos intrascendentes) pero “asuntos” al fin y al cabo. Esto nos pasó, probablemente, a muchos. Y es que tenemos (y me incluyo) dos grandes y terribles errores: el primero es dejar todo para el último momento; el segundo (pero no menos importante), excusarnos.

Tienes que presentar un trabajo en 15 días y piensas “fresh, todavía hay tiempo” y haces tu vida. Todo estaba bien, bajo control… hasta que el Profe dice “y no olviden que mañana es la presentación de trabajos finales”. Tiemblas, sudas frío, se te afloja el estómago y ves tu vida como flashback (obviando las escenas donde fuiste un patán porque cuando uno está por morir, se convierte en un ángel wannabe). En buen cristiano: te da la pálida. Vas corriendo a tu casa y no por el tema estomacal; sino, para hacer lo que debiste hacer dos semanas atrás. Si, es probable que lo acabes pero no disfrutas haciéndolo porque sólo te estresa la idea de acabarlo si o si. Y este fue solamente un ejemplo pero postergamos todo: “el Lunes empiezo la dieta”, “mañana voy al médico”, “el sábado beso a la chica que me gusta hace 7 meses”, “la próxima vez que mi jefe me hable mal, le diré unas cuantas cosas”. Haz la dieta HOY, ve al médico HOY, besa a tu crush HOY y haz que te respeten HOY porque quizá no exista un mañana o un después.

 

Imagínate que no pudiste terminar el dichoso trabajo. Tienes al profesor en frente, estirándote la mano… y dices “el perro se comió mi tarea”. La excusa más trillada del mundo, no? Fue sólo un ejemplo pero buscamos justificación para todo: “No hay chamba”, “no soy el tipo de chica a la que le quedaría bien ese vestido”, “uy, es que por fiestas hay más tráfico”, etc, etc, etc… Esas son algunas de las excusas que inventamos para hacer o no hacer determinadas actividades, que nos ponen en aprietos, que nos sacan de nuestra zona de confort a la que estamos totalmente acostumbrados. Esa misma que te dice algo así como “oye, podría ser lo mejor de tu vida; realmente, podría hacerte muy felz pero CUIDADO con arriesgarte a algo que no conoces”. Y así, dejamos que el miedo a lo desconocido se apodere de cada centímetro de nuestro cuerpo, haciéndonos huir despavoridos.

 

La pregunta es: vale la pena aguantar, esperar y postergar TANTO? Déjame decirte que no tienes idea y no la tendrás hasta que empieces de nuevo. El fin de año viene con espíritu navideño y trae consigo un regalo: la posibilidad de reinventarte. Así como se te fue el 2016, se te puede ir la vida mientras llenas la lista de pendientes por hacer, por experimentar, por vivir. Si, lo desconocido genera ansiedad y temor, no lo niego. Pero, créeme, no hay peor cosa que quedarte con el “que hubiese pasado si…” comiéndote la cabeza por días, meses e incluso años. Atrévete, sueña con todas tus fuerzas e intenta una y otra vez (hasta que te salga) hacer eso que te asusta. Cambia de empleo, termina esa relación que no te hace feliz, pinta tu cabello, hazte un tatuaje, viaja, o lo que quieras hacer. Pero recuerda: ya se te fue un año… cuántos más vas a esperar?

 

En honor a la navidad

Luces, villancicos, Los Toribianitos, panetón, chocolate caliente en pleno verano (aunque sudes al tomarlo), robos en cada esquina y compras con plata que no tienes (pero qué importa; la tarjeta de crédito soporta todo). Así, señores, es la Navidad. Bueno, para mí. Hay diferentes tipos de “personajes” navideños y voy a presentarlos a todos (o al menos a los que conozco. Si me olvidé de alguno, me cuentan).  La  mayoría de estas descripciones están inspiradas en personas que conozco pero, ojo, dije “inspiradas” no quiere decir que seas tú necesariamente. O si?

 

  1. La entusiasta: (Cuando la amiga que inspiró este personaje lea esto, sabrá quién es) Es la que disfruta de la cuenta regresiva hasta la navidad. Le pega post its (obviamente con diseño navideño) a toda la oficina, contando cuántos días faltan para “el gran día”. Además, viste outfits acordes a la festividad; es decir, ropa verde o roja y aretes de bastones, o renos, o estrellas de belén.

 

  1. La organizadora de eventos: Este personaje suele ser mujer o un hombre muy sociable. Se caracteriza por ser “el alma de la fiesta”, la/el “amigo de todos”, el/la “más chévere” y, evidentemente, siempre está organizando algún lonche/almuerzo/reu/chupeta navideña. No contento con saturar a todos sus amigos con esta “fenomenal iniciativa” de juntarse (para la cual crea grupo de Whatsapp y evento en Facebook), le suma el maravilloso, típico e intrigante “Amigo Secreto”. Es más, hasta se ofrece para hacer el sorteo. ¡Le encanta!

 

  1. Los pirañas-borrachos: El grupito de amigos que se juntan después de recibir las 12 con sus respectivas familias para reventar cuetes y tomar ron, chela y todo lo que venga. ¿Total? Es navidad y todo está permitido.

 

  1. El “te cambio”: Nunca, jamás de los jamases, está de acuerdo con la persona que le tocó porque está pensando “Y ahora… ¿qué m/&rd@ le regalo?” Entonces, va por ahí preguntándole a todos sus amigos “¿Quién te tocó?” y, acto seguido, dice “A mí me tocó fulanito; te cambio”. Y hará esto las veces que sea necesario hasta que se quede con alguien a quien sea “sencillo” regalarle.

 

  1. Tumba la fiesta: Ok, maravilloso. La organizadora de eventos hizo su “lonchecito navideño”. Es más, hizo la lista de todo lo que cada una de sus amigas debe llevar (por las puras porque siempre sobra). Dentro de este banquete encontrarán panetón, bocaditos dulces, otros salados, champagne y el infaltable chocolate caliente. Pero resulta que hay una que llama o escribe a última hora diciendo que “no lo logra” porque justito tiene un “imprevisto”. No le crean. Está planeando cómo chotearlas desde hace una semana.

 

  1. Grinch: La persona anterior cancela los eventos simplemente por ser falla; sin embargo, existe quien trata de evitar todo tipo de celebración porque ODIA la navidad. Así es, las luces (y sus musiquitas) le irritan, le llega altamente participar del intercambio de regalos y ni qué decir de la decoración de la casa. Esta persona cree que la navidad es una fecha inventada por los marketeros para propiciar el consumismo.

 

  1. El comprador compulsivo: Esta persona le da la razón al Grinch y compra todo lo que puede y lo que no. Total, la tarjeta de crédito aguanta TODO. Se endeuda sin pensar si podrá o no pagar las cuentas. Entonces, lo pone a mil millones de cuotas de 10 céntimos por mes y pasa todo un año “ajustado” por el placer de ser Santa Claus en Navidad.

 

  1. El Tacaño: Todo lo contrario al comprador compulsivo. El tacaño detesta gastar; piensa que hay que “guardar pan para mayo”. Qué digo mayo… él guarda para mayo, junio, julio y todo el año. Siempre que le proponen jugar al amigo secreto dice “no tengo plata”, “tengo que pagar mil cosas” o “súbeme el sueldo y juego”. No gasta pero tampoco queda mal. Siempre hace regalos “significativos”. Qué lindo suena eso, ¿no? Pero no es más que la traducción de “no quiero gastar pero tampoco quiero quedar como misio así que te hago una tarjeta o manualidad HERMOSA”. De aquí, nacen genialidades como fotos en marquitos hechos con palitos de helado, “heredar” cosas tuyas como símbolo de desprendimiento, o vales para “tú eliges la peli” o “1 hora de masajes” o cosas por el estilo.

 

  1. El distraído: Ok, compras tu regalo. Te afanaste y compraste el regalo ideal. Estás seguro de que esa persona abrirá el envoltorio y dirá “justo lo que quería” y saltará haciendo el baile de la alegría. Llega el día del intercambio y te das cuenta que metiste la pata… Así es, TE EQUIVOCASTE DE PERSONA. Tratas de solucionarlo pero ninguno de tus intentos funcionará porque le regalaste un pareo tipo mandala a un gordito con ropa de baño de piñas.

 

  1. La detallista que deja mal a todo el mundo: Este personaje suele ser mujer. Es la amiga que, a pesar de que le dijiste “amiga, este año nada de regalos, por favor, porque no tengo en qué caerme muerta”, decide comprarte algo. Entonces, quedas TERRIBLE, como la peor amiga del mundo mundial porque cuando ella te dijo “sorpresa”, tú sólo pudiste darle las gracias.

 

  1. El socialista justiciero: Esta persona detesta la navidad por personas como los detallistas, los entusiastas, los organizadores de eventos y por supuesto, por los compradores compulsivos. Esta persona considera inconcebible cómo puedes estar tranquilo en tu lonchecito navideño (donde sobra comida) o en tu casa (empachándote con pavo, lechón, arroz árabe, panetón y chocolate caliente), mientras hay personas que no tienen nada para llevarse a la boca. Entonces, hacen actividades sociales, salen a recorrer las calles con regalos, pedazos de panetón, etc. Pero ¿saben que es lo peor de todo? Que sólo piensan así en navidad.

 

  1. La católica: Ella piensa más o menos similar al anterior; sin embargo, a ella sí le dura todo el año. De todas maneras en su casa tiene que estar el nacimiento (mucho más grande que el árbol) porque ese es “el verdadero significado de la navidad” y va a misa. Recibir las 12 en misa sería ideal pero su familia no la acompaña.

 

  1. El flojo: El no disfruta de una cena navideña rimbombante, ni nada por el estilo. Pero no porque le den pena los niños o ancianos de la calle; sino, por el simple hecho de que se muere de la flojera. Puede ser una ama de casa que dice algo así como “aunque sea en navidad tengo que descansar, ¿no?”  y compra toda la cena en “comida al peso” de un supermercado cercano.

 

  1. Decoradora de interiores: Todos los años decora su casa cual película. Tiene venados en la puerta, un Papá Noel en el techo, un árbol hermoso y gigante decorado con luces blancas, etc. Saca todo su arte en esta temporada y deja la casa hermosa. Cambia la vajilla regular por vajilla (y hasta servilletas) navideñas.

 

  1. Horror al vacío: Este ser humano intenta dársela de “decorador de interiores” pero termina convirtiendo su casa en un almacén de árboles, nacimientos, muñequitos de nieve, coronas de adviento, etc. No se puede ni caminar en su sala porque, en la cabeza de este personaje, no puede haber ningún espacio vacío porque restaría “espíritu navideño”.

 

  1. Los Toribianitos: No, no me refiero a los reales “cantores” (que, dicho sea de paso, ¿nunca envejecen?). Hablo, en esta oportunidad, de las personas que ambientan la navidad con villancicos a todo volumen TODO el día y no se les ocurre cantar villancicos nuevos sino que son FANS de los toribianitos y de cada una de las canciones que los acompañaron en su niñez.

 

Estos sólo fueron algunos de los personajes que recuerdo. Seas el que seas, espero que disfrutes a tu manera este 24 y 25 de Diciembre. Sólo cuídate de los excesos (recuerda que viene año nuevo).

¡FELIZ NAVIDAD!

Mucho ruido por nada

Hace, exactamente, 4 días; es decir, el sábado en la tarde, fui al teatro a ver “Mucho ruido por nada”. En realidad, en un inicio, no le tenía fe a la obra. Sólo fui porque a la persona que me invitó “babea” por Paul Vega, quien actuaba ahí y me convenció. Al llegar, había muchos sitios vacíos, lo que me llevó a pensar “seguro es malaza y nadie quiere verla”. Por lo que mrpnsólo suspiré profundo y volví a pensar “ponte cómoda, nomás, que tienes para rato”. Luego, recordé que había otra función más tarde y asumí que era sumamente temprano y la gente (menos nosotros) no suele elegir ir al teatro a las 4p.m. sino, a las 8p.m. cuando el sol dejó de calcinarte la piel. Mientras iban en la 1era, 2da y 3era llamada, me dediqué a ver el folleto que mi acompañante había comprado y había infinidad de frases referentes a la equidad de género. No entendí y lo dejé pasar. Miento. Sólo lograba formularme la pregunta siguiente: ¿Qué tiene que ver una obra de Shakespeare con la homosexualidad? De todos modos, no tuve respuesta. Así que me dediqué a ver (disfrutar) la obra.

 

Así es, terminé por disfrutarla, estremeció cada poro de mi piel y mis vellos se pusieron de punta. No les voy a fregar la historia (para quienes quieran ir a verla. LA SÚPER MEGA ARCHI REQUETE RECOMIENDO) pero, en resumen, me encantó por 3 motivos. El primero, los actores son de primera y su puesta en escena, me dejó impactada. El segundo, la música en vivo, que acompañaba al elenco, me encantó. Finalmente, porque trataba un tema tabú que no muchos se animan a hablar y menos escenificar, ni actuar. Todos los papeles (hombres y mujeres) eran representados por varones. Con lo cual, si había un romance, era entre hombres. Y lo hubo. Dos hombres terminan enamorándose y saliéndose del personaje para darse la más hermosa (y excitante) muestra de amor: un beso. Fue, entonces, que uno de los actores pregunta (no recuerdo EXACTAMENTE las palabras que usó) ¿Quiénes somos nosotros para impedir que este amor se realice?

 

No hice más que pararme y aplaudir desesperadamente porque, tal como lo dijo el actor, no tenemos ningún derecho a decirle a alguien a quién debe o no debe amar. ¿Por qué unos muchos deben elegir el futuro de unos SUPUESTOS pocos? Ojo, digo “supuestos” porque img_9991cada vez más personas se atreven a asumirse, valorarse, amarse como son y verbalizarlo abiertamente. “Está de moda salir del clóset”, dicen algunos. Y, probablemente, tengan razón pero el único motivo por el que “está de moda” es porque ¿Por qué seguir encerrado en el clóset en el que alguien más decidió encerrarte? Así es, señores, ha sido la homofobia la que ha encerrado en el clóset de la vergüenza a muchas personas que recién hace poco se animaron a decir “SOY GAY … Y QUÉ”.

 

¿Saben que es lo peor? Que nos olvidamos de darle importancia a lo importante, que esa persona (porque sí, es un ser humano como tú) también siente, tiene miedos, inseguridades, alegrías, penas. ¿Te imaginas cómo se siente cuando la humillas, cuando la miras con asco, o cuando se ve obligado a rogar porque la tierra lo trague como un topo solo porque A TI no te gusta lo que ves? Si no te gusta, permíteme darte un consejo: TÁPATE LOS OJOS o cruza a la vereda del frente, o mira hacia otro lado. Te lo digo por experiencia. En algún momento de mi vida, “probé” tener una relación homosexual. No, no me considero Lesbiana pero tenía que probarlo. Hoy, estoy convencida de mi heterosexualidad pero entiendo de cerca cómo se sienten esas personas a las que llaman “CABROS”, “ROSQUETE”, “TRAGA SABLES”, “LECA”, “LECHUGA”, “MARIMACHA”, entre otros.

 

Cuando pasé por ese año de mi vida (sí, duró un año y pico), sentía que vivía una mentira. No, no por el hecho de besar a una persona del mismo sexo; sino, que tenía que MENTIRLE a todo el mundo: papás, amigos, primos, tíos, etc. ¿Para qué? Para que no me juzguen y no generarles daño (respeto su crianza, creencia e, incluso, su intolerancia). Estaba sola. Sobre todo, al inicio. Recuerdo cuando se lo conté a mi hermana y a mi mejor amiga (a ambas por separado pero sintiendo culpa, miedo, vergüenza). Finalmente, cuando se lo dije a alguien a quien admiro mucho  (a quien no voy a mencionar por respeto a su intimidad), en su afán de buscar lo mejor del mundo para mí, dijo “Los gays nunca son felices”. Y sí, tiene razón. No son felices por gente intolerante; entonces, le contesté “no, no voy a ser feliz por gente como tú”. Lloraba terriblemente todos los días y no por algo que estuviese haciendo mal, juro que no maté a nadie; sólo me enamoré de una mujer. THAT’S IT.

 

Es ridícula la forma en que categorizamos a las personas en heterosexual, gay, lesbiana, transexual, etc, etc… Nadie se presenta diciendo “Hola, soy Juan Carlos y soy heterosexual”; tampoco “Hola, soy Lucía y soy vegana”; menos “Hola, soy Fabiana y soy img_9999lesbiana”. No, no es relevante. La preferencia, opción, o tendencia sexual (o como quieras llamarlo) no te define como persona, ni como monstruo, ni como marciano y menos como Dios. Eres sólo un ser humano más, que tiene derecho a amar, a sentir, a enamorarse, a enfadarse, a TODO. Pero no, a muchos no les gusta la homosexualidad porque dicen que los gays son “promiscuos” o que “en ese mundo corre droga” y sí, les aseguro que sí sucede. Hay gays promiscuos y que consumen drogas. Los pueden encontrar en discotecas “de ambiente”; así como encuentras heterosexuales en discotecas “normales” (DETESTO esa palabra) que hacen exactamente lo mismo. Pero no, a ellos no los juzgues porque son “normales” (maldita palabra). NO. Esa persona NO es NORMAL. ¿Sabes qué es? Igual al homosexual. Es eso y punto; ni más, ni menos.

 

Entonces, ¿a qué le tenemos miedo? ¿Por qué mandar a la “guarida” (clóset) a todos los “cabros” y “lecas”. Intuyo que la respuesta es que le tienen miedo a lo desconocido y no saben cómo explicarle a sus hijos que “eso” no es “aberrante”; sólo existe y ya. ¿Saben qué le diría a mi hija (que aún no tengo pero me encantaría tener) si me dice “mamá por qué esos dos hombres se besan”? FIJO le respondería algo parecido a “Mami y papi se aman y se besan. Ellos, se aman y besan también. Algunos nos enamoramos de personas del sexo opuesto y otros, del mismo. Pero todos somos iguales, hijita. Todos podemos amar”. No hay nada malo en el amor. Dejemos, por favor, de hacer (como el nombre de la obra que vi e inspiró este post) “Mucho ruido por nada”.